memoria de editor

En enero 2007 comencé a reunir estos papeles, con la ayuda de mi amigo Alejo González Prandi, que me inició en el mester de bloguería. Han pasado unos 40 meses, y es un buen momento para reorganizar el espacio, y hasta definirlo: dossier de antojos, investigaciones inconclusas, comienzos de novela y poemas casi terminados. Se trata del diario de un viajero detenido en los márgenes del moviente río Dulce, Santiago del Estero, Argentina. Quiero agradecer a muchos lectores/lectoras que se detienen en esta página desde un cyber o su casa en algún lugar de América. Y más allá, España, y Rusia tras la estepa. Te envío mi saludo afectuoso, a vos que me lees, por el solo gusto de la diferencia. Alberto Tasso.

04 mayo, 2012

Desde alta mar


La carta guía al vegante, que es que quien ve hacia adelante, y si en barco lo hace, pues de un navegante se trata. Sí, la carta nos guía, según cierta aporía que escuché un día. La carta navega los tiempos, pues su autor/a la escribe desde un pasado, en un presente, dirigida a un futuro, mientras que el que la recibe… oh, los navegantes no sabemos nada del que la recibe, pues lanzamos al agua botellas con mensajes. ¿Quién sabe a que país llegarán? ¿Filtrará el líquido elemento por el corcho y arruinará lo escrito? Es un misterio. Forzado por mi profesión a depender de la carta (astral, celeste, comercial, o de cualquier otro tipo), escribo las que puedo, pero estoy limitado por el número de sobres disponibles, más aún porque no soy de mucho beber, salvo en los puertos. Aunque dudo que un caso ilustre el género, ahí está, escrita tiempo ha, cuando viajé por un mar deconocido.

“A 26º latitud Sin datos meridianos Viento norte zarpado que se lleva los puntos aunque no las Mayúsculas Hola 0223, gracias por tu poema que me llega como un bálsamo o una copita de gin mientras conduzco mi cáscara de nuez ante los arrebatos de la mar tonante Te imaginas: mucho agua salada que se cuela al castillo de proa por los bandazos y las goteras y a través de los bigotes llega a mis labios Yo que sólo en los bordes húmedos de la copa la tolero, como si fuese una mujer de labios de vidrio de que habla una canción de Pablo Mema, y cierta cueca mendocina sobre la Dama Juana
No debo ingerir sal, me repito a diario, así como no debo comer opio. Soy hipertenso y debo ajustar mi vida a un canon, y mi ruta al derrotero marcado por las estrellas que miro por el anteojo de Galileo, y corrijo con el GPS náutico de mi chalupa Pero de nada sirve un equipo de alta tecnología cuando la sal se cuela por los poros de los transistores y los circuitos integrados de litio y plomo Un plomo se vuelve la tecnología inútil. Al momento de aligerar la carga para mantenerse en la superficie, no he dudado en hacer una selección que combinase los valores con los fines, como pedía Max Weber. Sí, arrojé al mar la basura en varias oportunidades, pero conservo mapoteca y cuaderno de bitácora Sin él, ¿como podría escribirte? Pues aquí viene mi mensaje que resumo en código alfapoético surtido de mis pobres experiencias en el experanto (sic)

“Clave del Uz / Nomu cha ducha / huy edel cánta rociego / a húme do abreso noce rarel pecho / lapoe sía esun tempo ralen unata zadeté Huid obro dijo / yla navega ción su ré plica pluscuam perfecta / a grego yo / grego rio (río)

“Gracias por tu paciencia solitaria / para descifrar los códigos / aunque después de Da Vinci y Fleming todo es más fácil / Pero in te rrumpo porque mira / la mar está caldeá / y no acabo de sacar cubas de agua salá fuera de borda / para salvar / la ruta / el destino acaso / y mi cuaderno de esperanto, donde relato la exasperada espera de la lengua que pueda comunicarnos A manera de firma El timonel perdido”

Así firmé mensajes que no dieron en el blanco ni en la gama de grises del cielo azulado en pálido cinc. Descartado quedé, y si no despaché todo lo que escribí / fue porque no pudí. De tanto que no vegué ni miré para adelante / solo me quedó el instante de la carta antes escrita / que a nadie puede servir sino a otra/a tan perdido como el timonel del caso / de botellas muy escaso / pero de pluma no sé.