La carta guía al vegante, que es que quien ve hacia
adelante, y si en barco lo hace, pues de un navegante se trata. Sí, la carta
nos guía, según cierta aporía que escuché un día. La carta navega los tiempos,
pues su autor/a la escribe desde un pasado, en un presente, dirigida a un
futuro, mientras que el que la recibe… oh, los navegantes no sabemos nada del
que la recibe, pues lanzamos al agua botellas con mensajes. ¿Quién sabe a que
país llegarán? ¿Filtrará el líquido elemento por el corcho y arruinará lo
escrito? Es un misterio. Forzado por mi profesión a depender de la carta
(astral, celeste, comercial, o de cualquier otro tipo), escribo las que puedo,
pero estoy limitado por el número de sobres disponibles, más aún porque no soy
de mucho beber, salvo en los puertos. Aunque dudo que un caso ilustre el
género, ahí está, escrita tiempo ha, cuando viajé por un mar deconocido.
“A 26º latitud Sin datos meridianos Viento norte zarpado que
se lleva los puntos aunque no las Mayúsculas Hola 0223, gracias por tu poema
que me llega como un bálsamo o una copita de gin mientras conduzco mi cáscara
de nuez ante los arrebatos de la mar tonante Te imaginas: mucho agua salada que
se cuela al castillo de proa por los bandazos y las goteras y a través de los
bigotes llega a mis labios Yo que sólo en los bordes húmedos de la copa la
tolero, como si fuese una mujer de labios de vidrio de que habla una canción de
Pablo Mema, y cierta cueca mendocina sobre la Dama Juana
No debo ingerir sal, me repito a diario, así como no debo
comer opio. Soy hipertenso y debo ajustar mi vida a un canon, y mi ruta al
derrotero marcado por las estrellas que miro por el anteojo de Galileo, y
corrijo con el GPS náutico de mi chalupa Pero de nada sirve un equipo de alta
tecnología cuando la sal se cuela por los poros de los transistores y los
circuitos integrados de litio y plomo Un plomo se vuelve la tecnología inútil.
Al momento de aligerar la carga para mantenerse en la superficie, no he dudado
en hacer una selección que combinase los valores con los fines, como pedía Max
Weber. Sí, arrojé al mar la basura en varias oportunidades, pero conservo
mapoteca y cuaderno de bitácora Sin él, ¿como podría escribirte? Pues aquí
viene mi mensaje que resumo en código alfapoético surtido de mis pobres
experiencias en el experanto (sic)
“Clave del Uz / Nomu cha ducha / huy edel cánta rociego / a
húme do abreso noce rarel pecho / lapoe sía esun tempo ralen unata zadeté Huid
obro dijo / yla navega ción su ré plica pluscuam perfecta / a grego yo / grego
rio (río)
“Gracias por tu paciencia solitaria / para descifrar los
códigos / aunque después de Da Vinci y Fleming todo es más fácil / Pero in te
rrumpo porque mira / la mar está caldeá / y no acabo de sacar cubas de agua
salá fuera de borda / para salvar / la ruta / el destino acaso / y mi cuaderno
de esperanto, donde relato la exasperada espera de la lengua que pueda
comunicarnos A manera de firma El timonel perdido”
Así firmé mensajes que no dieron en el blanco ni en la gama
de grises del cielo azulado en pálido cinc. Descartado quedé, y si no despaché
todo lo que escribí / fue porque no pudí. De tanto que no vegué ni miré para
adelante / solo me quedó el instante de la carta antes escrita / que a nadie
puede servir sino a otra/a tan perdido como el timonel del caso / de botellas
muy escaso / pero de pluma no sé.

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