memoria de editor

En enero 2007 comencé a reunir estos papeles, con la ayuda de mi amigo Alejo González Prandi, que me inició en el mester de bloguería. Han pasado unos 40 meses, y es un buen momento para reorganizar el espacio, y hasta definirlo: dossier de antojos, investigaciones inconclusas, comienzos de novela y poemas casi terminados. Se trata del diario de un viajero detenido en los márgenes del moviente río Dulce, Santiago del Estero, Argentina. Quiero agradecer a muchos lectores/lectoras que se detienen en esta página desde un cyber o su casa en algún lugar de América. Y más allá, España, y Rusia tras la estepa. Te envío mi saludo afectuoso, a vos que me lees, por el solo gusto de la diferencia. Alberto Tasso.

14 enero, 2012

Mirando afuera

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En el jardín de mi quietud hay pájaros. Sentado en la cocina abro la puerta y veo el sud. El picaflor tras de la yuca. Ahora garúan fusas sobre el techo de chapa. Hoy vi un gorrión mojado en la vereda. Ellos comen semillas, migas de pan, bichitos. Y llueven las corcheas, en semitonos graves y goteras. Me gusta ver al picaflor pero hoy no vino. Es que ahora la lluvia teclea rápido. Este es un día muy bueno para Selva. La Shuska, como yo, hará la siesta.

08 enero, 2012

Hoy me desperté novelista

1
Sí, una frase, una frase para empezar, aunque sea de otro: "Hoy me desperté novelista -pudo escribir en su carnet de notas W. Somerset Maugham cierto día de 1916- pero no le diré a nadie la arrogante vulgaridad de esa idea. Y acto seguido me pregunté: ¿en qué consiste esa sensación? Pues nada raro. Es como si uno fuese carbonero, y un día se da cuenta de que ese es su oficio. El hombre se sorprende primero, lo lamenta luego porque eso significa que todos los días de su vida tendrá las manos y las ropas sucias, pero luego comienza a verlo de otra manera. Ser carbonero es la tarea que le ha tocado en su aldea y en su tiempo. Razonando así, el carbonero logra deducir algo obvio, pero lo ha hecho por sí mismo. Ha dado un paso hacia la comprensión del mundo, y también del carbón que lo ensucia. Ahora puede saber que la mancha no es un estigma sino un signo de su oficio, y hasta podrá enorgullecerse de ella. Del mismo modo razoné hoy cuando me sentí novelista. En mi trabajo no se ensucian las manos, pero en mi conciencia y mi carnet de escritor desfilan egoísmos, dolores y traiciones junto al amor y el heroísmo, pues el drama de la vida tiene colores, líneas, manchas y tachaduras, y es con tinta como debo contarlo. La tinta es mi carbón, y debo justificar mi suciedad. El carbonero se ensucia las manos y las ropas para que otro pueda tener hogar y casa tibia; el novelista, para que en ese mismo hogar se pueda apreciar la dimensión de la vida humana, con sus virtudes y sus lacras. Después que llegué a esta conclusión me levanté, me vestí, y fui al baño, donde me comporté como lo hubiera hecho el carbonero o cualquiera de mis lectores. El día de un novelista es casi enteramente normal."

2
El año anterior a esta hipotética nota Maugham había publicado Of Human Bondage (Servidumbre humana), la décima de sus novelas. A los 42 años era ya un escritor famoso. Pero en la intimidad recién estaba dándose cuenta de quien era. El conocimiento de sí mismo, como ciertos licores, madura lentamente.

07 enero, 2012

Frases para empezar

1
Sí, un escrito frecuente es lo mejor. Persistencia y brevedad. "Si escribes una frase todos los días, al terminar el año habrás escrito trescientas sesenta y cinco", postuló de modo inapelable Juan Filloy en 1998. Sí, de frases (que también son llamadas oraciones), se hacen los argumentos, los rezos, las proclamas, los manifiestos y las noticias. Y las cartas de amor. Y los microrrelatos. Todo hablante utiliza frases pero no siempre con intención literaria. Es el habla de todos los días. Lo que se dice y lo que se quiere decir. Eah, el grito. ¿Fue el mono aullador el predecesor del locutor, y la cotorra del parloteo de las vecinas en el mercado? Cuántos ancestros ignoramos. De la araña salieron la tejedora y el silencio del monje. Del hornero el homo faber. Del pavo real los oropeles de la nobleza. Del balido de la cabra provienen las demandas de amor. De la oruga medidora la simetría, y del escorpión el lanzazo justo de alguien que te ha aprisionado: ¿la sociedad, el estado, el mercado, un enemigo íntimo, o acaso el alter-ego? Qué decir de la hormiga y de la abeja, y los saurios que laten en la memoria genética, pues ya sabemos que la ontogenia reproduce a la filogenia. Por eso afirmó el poeta Baldomero Fernández Moreno "Yo soy un sapo negro con dos alas".

2
 Esto es así: comienza 2012. Es un año 5. Podemos tomarnos ciertas libertades. Cuál será tu apuesta no lo sé, pero la imagino audaz y hasta moderada. Que azar que estés ahí, y qué buenaventura surge de ese hecho casual y extraordinario, que no volverá a repetirse, al menos con estas palabras. Para estar a la altura de este encuentro tengo que hacer algo. Necesito la frase apropiada. Otro día se me ocurrirá.

24 diciembre, 2011

Comienzo y final


1
Éramos dos en la trastienda de la melancolía. Los veranos pasaban, así te vi crecer, con blue jeans, de mi casa a tu barrio íbamos mi corazón y yo, ladrando en la noche, extraviados los dos. Dieciséis o diecisiete tenías vos, tenía yo. De sur a norte crucé en bicicleta la ciudad centenaria con mi libro de inglés y el diccionario de Bravo. Aprendí que yanasu, darling y habibi quieren decir lo mismo, me lo dijo un amigo que es sirio de pura raíz.

(En la mira)

2
La primera vez compré helado, pero no te gustaba. Mi nostalgia de fe y mis ganas de ser me hicieron creer que quería conocerte. Eras justo tal vez para mí, así yo lo creí, estaba contento y me puse a silbar. Pero luego problemas no faltan, hubo un trueno de luz, y te perdí al instante.

(Wake up)

3
Cierto es que muy solo quedé y me fui confundiendo con el antes-después. Quería decirte nos vemos más tarde, cuando soplen las doce en el viento del norte y la bruja del agua nos muestra los dientes. Pero alguien no entendió, y me echaron los perros.

(Sueños en ansia)

4
Triste fui por la calle París, comiendo chanclís y bebiendo de una petaca ajena unos tragos de anís que me cayeron mal. Llegué a mi casa desahuciado y solo, busqué un cuaderno y me puse a escribir.

(La pluma de Fedor)

5
Te escribí una carta. ¿La leíste, verdad? Ya ni sé lo que puse. Me entretuve en hilar letra a letra la profunda verdad que no llega a saberse verdad. Yo mismo la llevé y crucé la ciudad otra vez entre luciérnagas de sal. La dejé en el umbral, desafiando colmillos y sombras de parra. Regresé, ingenuo como soy, a esperar la respuesta.

(90s mal)

6
Insomne quiere decir que no duermes. Así estuve en los grises de julio y agosto, perdida mi luna sombría me lancé a buscarla en los arrabales donde había hermandades y luces guardadas de la rebelión.

(Desde el barro)

7
Allí empecé a verte de nuevo después de perdida, y en los basurales vi tus negros ojos brillando en un plato abollado de lata. Y la luna, la luna, también me miró.

(Brilla, negra)

8
En un rapto de amor la ginebra pedí. Te había vuelto a encontrar, más perdida y fugaz que un alma en pena. Espinas de tus pechos, resabios de tus labios, los lazos de tus brazos todavía tenía enredados al borde de mi cuerpo sombrío. Entonces decidí que un ramo de flores y las cartas viejas y toda mi pena estaría mejor en tus manos. Los mandé en taxiflet.

(Las flores el mal)

9
Ya estaba hecha mi tarea y me senté a esperar, como un chaman que echa a volar el humo de su ensueño. Así escuché voces de aquel que hablaba entre las sombras.

(Voces de aquel)

10
Te invité una cerveza un día sábado de cierta estación. Empezaba el verano de nuevo, y yo sin saber. Todavía copado de vos, cierto es. Quería ganarme un jornal y ponerme en camino otra vez. Pero empecé a pensar que algo no andaba, que vos ya tenías otra historia, y por eso la noche después de besarnos sentí que te vas.

(Te vas)

11
Ahora estás, ya lo sé, muy lejana. Me acostumbro a sentirte distante, golondrina fugaz que el destino puso en el camino donde yo pasé. Hoy que miro la historia sinuosa que fue nuestro amor ya comprendo el comienzo y final. Al principio, como mariposas nos cruzamos ambos en vuelo fugaz. En otoño cayeron las hojas. El invierno puso su compás. En la primavera volvimos a vernos. Al año redondo ya sé que te vas.

(La gente no entiende que te pasa a vos).

12
A mí no me importa que a vos no te entiendan. En mi barrio también me miran mal. Yo elegí ser obrero y anarquista, y vos te fuiste a estudiar a la Normal. Tal vez un día volvamos a encontrarnos en la marcha que busca la verdad, y así volver a verte cara a cara para decirte una palabra más. Pero si eso no llega, está claro el final.

(Los otros)

La historia acompaña los temas del CD del grupo Derecho Viejo Anarcomunay, que será presentado en una velada libertaria, el 29 de diciembre 2011, en el Paraninfo de la UNSE.

19 diciembre, 2011

Historia de una pasión santiagueña

Presentación de “Universidad. Historia de su recuperación”, de Néstor René Ledesma.
Centro Cultural del Bicentenario - 20 de diciembre de 2011

Tengo la honrosa distinción de presentar, junto a los destacados colegas que me acompañan, este libro de Nestor René Ledesma, y al mismo tiempo, un breve perfil de su autor y su tiempo, como los he vivido y como los veo ahora. Este es, como su nombre lo indica, un libro de historia. En realidad, se narran dos historias, y vale la pena detenerse a analizarlas.

La primera historia

La primera historia es remota, pues transcurre a comienzos del siglo XVII cuando el Obispo Fernando de Trejo y Sanabria fundó el Colegio de Ciencias Morales Santa Catalina en esta ciudad, cabecera de la recién fundada Gobernación del Tucumán. Como sabemos, la institución fue trasladada a Córdoba unos años después, y se admite que a partir de ella nace la Universidad de Córdoba en 1613.
Este hecho es decisivo para la interpretación de Ledesma: la semilla de la universidad, en el actual territorio argentino, fue plantada en esta ciudad; aquí brotó y cuando estaba echando sus primeras hojas, en medio de enormes dificultades, el jardinero decidió trasladarla a otra ciudad, que junto a las demás de la Gobernación había sido fundada apenas unos años antes por militares, soldados, vecinos e indios santiagueños.
Esta circunstancia colocó a Santiago del Estero en una situación que la acompañaría toda su historia: tras la primacía y el logro, venía la pérdida, o el despojamiento, que se repitió en 1648 y 1699 cuando las sedes gubenamental y episcopal fueron trasladadas a Salta y Córdoba, respectivamente.
He ahí unos hechos históricos que, así planteados, proponen numerosos interrogantes: ¿cuáles son las dificultades y obstáculos que enfrentó la empresa del conocimiento en fecha tan temprana de nuestra historia? ¿Se trataba de la indiferencia y apatía un tanto burguesas de los vecinos, tantas veces señaladas en las crónicas posteriores? ¿De la falta de maestros? ¿Del clima, que muchos funcionarios coloniales sentían demasiado caluroso? ¿Del monte que rodeaba el caserío “que de ciudad sólo tiene el nombre”, como afirmó otro obispo? ¿Del salitre que comía las paredes de adobe?
Aunque no importa ahora resolver esa cuestión, parece evidente que la localización geográfica jugó en contra de esta primera empresa intelectual. Las tierras bajas y boscosas de Santiago del Estero fueron vistas como propicias para el establecimiento y la guerra contra los calchaquíes de las tierras altas, pero apenas conquistados sus valles y fundadas las nuevas ciudades, la región del Tucumán comenzó a desentenderse de ellas.
Pero, ¿es que acaso habían ‘entendido’ el acertijo del paisaje santiagueño, semiárido pero inundable, remoto y rústico, aunque rico en algarrobas y sementeras de maíz, cuya ganancia los vecinos aprendieron a traducir en leguas cuadradas y número de indios encomendados que ya debían pagar tributo, y más tarde en mulas y vacunos?
Sin estímulos institucionales de los funcionarios, trasladada la corte sacerdotal, y expulsados los jesuítas, la ‘muy noble y leal’, la orgullosa y aguerrida ciudad de los comienzos se aisló en su extensa jurisdicción mesopotámica, en los bosques suntuosos donde habría de florecer la gran cultura popular hispano-negro-indo-mestiza del siglo XVII que hoy conocemos por su música, su tejeduría, su idioma, y tantos otros símbolos centrales de nuestra identidad provinciana.
Pero algo faltaba. La recuperación de lo perdido. Y aún más: alcanzar lo que aún no habíamos logrado cabalmente, y es la conciencia de lo que somos, en tanto sociedad y ambiente fundidas en singularísima combinación.
Como se comprenderá, es una ambiciosa empresa ésta que alienta el pensamiento de los intelectuales santiagueños del siglo XIX y XX. Desde distintos ángulos y motivaciones, ella inspira a Alejandro Gancedo, Baltasar Olaechea y Alcorta, Maximio Victoria, Absalón y Ricardo Rojas, Antenor Álvarez, Juan y Andrés Figueroa, Bernardo Canal Feijóo, Orestes Di Lullo, Amalio Olmos Castro, Francisco René Santucho, Ricardo Dino Taralli, Raúl Dargoltz y Néstor René Ledesma, entre tantos otros que apostaron al conocimiento como fuente para la acción.
En estos nombres cifro la continuidad y el cambio generacionales. En ellos se resumen las palabras de Francisco de Aguirre acerca de la ‘tierra de promisión’ en el siglo XVI, las ordenanzas de Alfaro el XVII, el alegato de Claudio Medina y Montalvo el XVIII, la proclama de Juan Francisco Borges el XIX, las conclusiones del PINOA en el XX, y la declaración de la Asamblea Campesina Indígena, el jueves pasado, en esta misma plaza Libertad.[2]
Cito estos textos –entre muchos otros- porque se refieren a los derechos de y en el territorio provincial, en cuanto ambiente, ecumene, sociedad y política. En esa línea está la obra de Néstor René Ledesma.

El autor, y su propia historia

La segunda historia describe el proyecto de la universidad, tal como lo concibió a lo largo de décadas, desde que con su título de Ingeniero Agrónomo regresó a Santiago del Estero, a comienzos de la década del 50, y cómo lo llevó a cabo a través de su labor incansable en el medio siglo que sigue, hasta el presente.
En 1972 Ledesma coordinaba la Comisión Pro Universidad Nacional de Santiago del Estero, que se reunía en las oficinas de la Secretaría de Educación a cargo del Prof. Edvino Paz. Una de esas reuniones fue con motivo de la visita del Dr. Alberto Taquini (h), por cuya labor en el Ministerio de Educación de la Nación nuestra provincia le guarda un reconocimiento que yo quisiera contribuir a recordar: él diseñó y promovió la ley que permitió la creación de universidades nacionales en Salta, Jujuy, Catamarca y Santiago del Estero, como parte de un plan de descentralización de la UBA.
El proyecto de Taquini encontró en Ledesma un aliado, porque había sido un precursor. En efecto, la necesidad de una universidad en la provincia había sido percibida por muchos otros. Recuperemos la historia de la Universidad Popular en los 40, de la Universidad Libre en 1956, del proyecto de la Universidad Nacional del Centro ese mismo año,[3] hasta la Universidad Católica en 1958, y ese mismo año la Facultad de Ingeniería Forestal, dependiendo de la UNC.
Ledesma iba más allá, en el sentido de aspirar a una universidad nacional con sede en Santiago, atenta a sus problemas, conocedora de su ambiente, que pudiera aprovechar sus recursos naturales y su población de modo sostenible, con inteligencia y justicia, capaz de formar profesionales que contribuyeran a su desarrollo, y vinculada a instituciones y saberes de todo el mundo.
Él cuenta algunas de las dificultades que encontró, y deja otras en la sombra que el lector y la lectora no tardarán en descubrir. Por un lado se enfrentó con el lobby forestal, por otro con las autoridades provinciales que muy a menudo lo representaron. Contra la devaluación de lo propio (o de sí mismo) en que a menudo incurre el santiagueño, según apuntó Canal Feijóo, Ledesma ofrecía una utopía de realización cultural de inspiración socrática (conocerse, para actuar), que además implicaba la economía y la administración racional de los recursos naturales. Su proyecto incluye la ciencia, la planificación, la organización, la motivación y la Doctrina Social de la Iglesia, en lo que ella aportó a la distinción entre los bienes comunes y los privados. Sea el conflicto y la conciliación entre esos términos en permanente tensión lo que explica el sentido de la política.
Apenas creada, contenida en un papel, la naciente universidad tuvo una autoridad militar. Ledesma no sólo trajo el decreto y el cheque que permitía su cumplimiento, sino que además había anticipado este momento. Recuperada la democracia, muchos funcionarios provinciales se interesaron en la universidad, y encontraron en ella un espacio de ocupación profesional, de influencia, y de poder. El sentido de la misión quedó postergado, o atenuado. De acuerdo a una práctica que ya he mencionado, la nueva institución le agradeció sus servicios a su eficiente promotor, y se desentendió de él. Con la transcripción de esa resolución concluye el libro.

Un legado en nuestras manos

Alguien dijo que las instituciones son la sombra de un hombre. Dado que conozco a Ledesma y a la universidad nacional desde sus orígenes, me atrevo a ver en su labor al arquitecto, al protector, y al maestro. Él es el rector espiritual de este movimiento de agitación que inició la consigna de La Brasa[4], que ha cumplido amplia y generosamente. Ha dedicado a ello su increíble energía humana, atendiendo al mismo tiempo su responsabilidad de hijo, esposo, padre, abuelo, profesor y amigo.
Con serenidad y alegría ha trabajado tenazmente durante toda su vida. En este y otros libros que tengo la suerte de conocer desde hace unos años, Ledesma nos deja un gran legado que yo no me quiero privar de recibir, y de resumir.
Su argumento reúne la ciencia y la teología en torno a Santiago del Estero, su territorio, su economía y su gente. Como Arquímedes, él concibió a la universidad como palanca para cambiar unos grados la dirección rutinaria de nuestros asuntos.
Como otros que mencioné, habló a una sociedad que seguía desentendida de Santiago del Estero. Su prédica se mide en décadas, centenares de artículos e informes, miles de clases, y muchas más conversaciones en que transmitió los grandes aforismos que reflejan su pensamiento. Sus indudables logros serán valorados por otros. Yo pienso que estamos avanzando hacia una comprensión de su palabra, y eso nos alerta en la continuidad y renovación de su obra, que necesita estudio, examen, crítica y emulación.
Las palabras de Ledesma me han guiado siempre. Me ayudaron a recuperar el orgullo autonómico santiagueño. A comprender el bosque, el clima y el ecosistema. A ordenar la intervención en el territorio, en vistas a la seguridad humana y la preservación de los recursos. A demandar políticas adecuadas y a formar quienes puedan gestionarlas. A acompañar los movimientos por los derechos humanos y ambientales. A enseñar siempre, que es la manera más eficaz de combatir la ignorancia interesada del ‘día a día’ con la conciencia previsora de un mañana que ya está llegando.
Es muy grande la responsabilidad de quienes comprendimos su mensaje, y no es exagerado decir que hay un Santiago antes de Ledesma, y otro después. Después de Ledesma nos hicimos concientes de la desertización, de la degradación ambiental y de la responsabilidad que tenemos los ciudadanos, las organizaciones sociales, la universidad y el Estado para cuidar el territorio, sus recursos y su población en riesgo. Sabemos que se trata de problemas que aún no han sido ‘entendidos’, y por tanto no se logra aún resolver con acierto, como lo vemos a diario, y cada vez con más intensidad en los últimos años.[5]
El pensamiento de Ledesma es activo y transformador, y nos compromete a actuar en consecuencia. Nos demanda previsión y sensatez para evitar que, como en otras ocasiones dolorosas que están demasiado próximas, Santiago padezca de nuevo el despojamiento de su paisaje[6] –que es su país- y sus hombres y mujeres el éxodo.[7]
Por eso es oportuno en esta presentación rescatar el sentido de este libro, interpretación histórica, archivo documental, testimonio, ideario, pero también programa y lineamiento. En una rápida síntesis, el libro presenta la metáfora del diálogo entre dos sujetos históricos: la universidad[8], y el bosque[9]. Les propone conocerse, respetarse y aprovecharse mutuamente. Nos cabe a nosotros, lectores y lectoras, estudiantes, investigadores, trabajadores del Estado, productores, comunicadores y periodistas, y todos aquellos que nos beneficiamos con la sombra de la universidad y la sombra del bosque, restablecer ese diálogo y rescatarlo como la tangente para que sociedad y ambiente puedan volver a entenderse.


[2] Esta Asamblea reclamó el tratamiento en la Legislatura Provincial del Proyecto de Ley de Ordenamiento Territorial presentado por el MOCASE en el año 2010 para el resguardo de los territorios y medio ambiente de más de 20.000 familias campesinas. Y de la nueva Ley Nacional Contra los Desalojos y por la Función Social de la Tierra elaborada por las organizaciones campesinas indígenas del país. También pidió justicia por el asesinato de Cristian Ferreyra por bandoleros el 18 de noviembre pasado en San Antonio, Departamento Alberdi.
[3] El proyecto, elaborado por Ledesma, fue aprobado por la Cámara de Diputados de la Nación pero no llegó a tener aprobación del Senado. Se proyectaban sedes en Catamarca, San Luis y Santiago del Estero.
[4] En su manifiesto de 1927, probablemente redactado por Bernardo Canal Feijóo, La Brasa fue propuesta como un movimiento de agitación espiritual.
[5] Son numerosas las investigaciones que informan de este problema en las últimas dos décadas. Incluyen tesis de grado y posgrado (UBA, FLACSO, UNSE), informes de becarios del CONICET, documentos de investigación del PROINDER, y de organizaciones como Adveniat y OIT. La Red Agroforestal Chaco es una fuente de información actualizada. (http://redaf.org.ar/noticias/?p=4755)
[6] Ya lo estamos padeciendo. Según la Secretaría de Medio Ambiente de la Nación entre los años 2002 y 2006, se deforestaron 1.108.669 has. de bosques nativos, o sea, 280.000 has. por año. Santiago del Estero, Salta, Formosa y Chaco son las provincias más afectadas.
[7] Ya lo están padeciendo: estimo en no menos de 80.000 la cifra de pobladores rurales desalojados por la fuerza entre 1980 y 2010. Desde el éxodo provocado por la gran sequía entre 1935-40, no se registraba una emigración rural de tal intensidad. (Ledesma, Reinaldo; Paz, Jorge; Tasso, Alberto: "Trabajo rural estacional en Santiago del Estero", OIT-Programa CEA-MTEySS, Buenos Aires, 2011.  
[8] La palabra ‘universidad’ es mencionada en este libro en 812 oportunidades.
[9] Las palabras ‘bosque’ y ‘forestal’ son mencionadas en 363 y 1.108 oportunidades respectivamente.

27 noviembre, 2011

Habla la prótesis

Ponencia al IV Congreso de Componentes Vitales Implantados

Con el debido respeto a los organizadores de esta importante jornada académica, a las universidades, laboratorios y otras firmas de la bio-tecnología que la auspician, quiero dedicar mi exposición, que será breve como perno de diente, a mis pares, que son las prótesis en general, cada uno de los objetos que contribuyen a un mejor vivir del sujeto humano en su breve paso por la tierra.

Para que puedan entenderme, debo contar mi pequeña historia. Fui fabricada como una pieza que pudiera reemplazar la función perdida de una parte del organismo humano. Un repuesto, una oferta tecnológica ante la necesidad biológica. Al principio, me sentí formateada y hasta performada en mi ADN, hoy regulado por las normas IRAM.

Sentí enajenada mi identidad de prótesis, y lo dije. Mi temprana protesta asombró a mi inventor y a mi fabricante, que no recordaban que algo así hubiera sucedido antes. Pensaron que estaba loca, y antes de eliminarme (como hicieron con otras piezas que no rendían lo suficiente) decidieron pagarme un tratamiento psicoanalítico en Viena.

Me tocó así ocupar el lugar de la paciente en el consultorio del Dr. Sigmund Freud. Después de la primera sesión comprendí cierta frase de Sócrates y decidí estudiar en la universidad, lo que me condujo a aulas repletas, y cierta falta de aire que impedía respirar. Durante mi formación académica como prótesis tuve oportunidad de avanzar en la historia de la paciencia y la sociología del desconocimiento, a la cual contribuyeron distintos pensadores cuyos nombres no estoy segura de recordar. Pero creo que todos ellos me recuerdan.

Presenté mis trabajos en alguna incipiente jornada de provincia, logrando un nivel de aceptación un tanto escaso, que me incitó a proseguir mi formación en forma independiente. Así fue que me inicié como historiadora de las prótesis: deseaba rendir culto a mis ancestros. Fueron ignorados mis primeros trabajos sobre el garrote, el arco, la flecha y la cerbatana como prótesis agresivo-defensivas.

Un par de críticos eminentes ridiculizaron mis indagaciones sobre el atuendo, los sombreros, los caballos y los motovehículos, señalando que involucraban las partes externas del sujeto. No menor desatención recibió mi ensayo “Pelos, anteojos y bastones”, presentado a las X jornadas del PEAM “Las Prótesis según la edad y el género”.

Finalmente, logré alguna atención de la prensa médica con “Los huesos y la respiración” donde demostraba con numerosa información la importancia de la conciencia plena de la estructura propiamente ósea, la disposición que ha de adoptarse para la meditación, y la conveniencia de inhalaciones de hojas de eucalipto cinerea arrojadas en una palangana de agua caliente sobre la cual debe el sujeto sostener su cabeza inclinada para aspirar el benéfico e intenso aroma. Ayuda mucho una toalla colocada en forma de carpa, de la cabeza hacia abajo, rodeando la palangana.

Son ya conocidas mis investigaciones sobre las siliconas, la amalgama, el corazón artificial en sus distintos modelos, el sten, el marcapasos, la cabeza de fémur de plástico, las grampas de platino, el ano de Wangestin, el diente de oro y el ojo de vidrio, y otros temas que muchos prefieren no recordar, porque la literalidad de la descripción que cultivo es a menudo interpretada como cruda, y hasta obscena. 

Mi trabajo me condujo a todos los niveles sociales, a la extensa gama de la condición humana. Allí pude apreciar las debilidades y las fuerzas de esta singular especie, y la función de la prótesis para superar la primera y aumentar la segunda. Es el caso de los monóculos, los anteojos de receta, y un cristalino implantado en tu ojo, que en pocos minutos te ayuda a volver a ver la luz y el color de las cosas.

En mi estudio debí distinguir entre las prótesis deseables de las innecesarias y hasta perjudiciales. Esto me valió críticas corporativas: acusada de naturista por los mismos laboratorios que me habían fabricado, y de anarquista por algunos notables que me habían consumido, no figuré durante un tiempo en el Vademecum.

Soy, pues, una marginal. Pero en virtud del contrato de honestidad de las prótesis, regulado por la Comisión de Derechos del Consumidor, puedo hablar. Oh, ¿y qué voy a decir, justo yo, una modesta prótesis? Sólo tres cosas: un objetivo sano consiste en lograr que el cuidado de la salud no se convierta en botín de los servicios de salud, la industria y los gremios.

Luego, que antes de recurrir a una prótesis, recurras a tu cabeza y tu energía. No cedas al envejecimiento, mantén tus músculos en forma y camina como si estuvieses perdido. Porque estás perdido, a pesar del blister y la compañía de seguros. Así descubrirás que muchas limitaciones de tu organismo son biológicas y sociales (la infancia y la vejez son buenos ejemplos), que sabemos poco de la salud en nuestra provincia, y que así como Salamanca no presta lo que Natura no da, la tecnología no puede colaborar con el que se resiste a hacer las cosas por sí mismo.

Por último, no confíes en mí. Me inventaron para los crucificados, los dolientes que atraviesan la prueba de una operación, y los que van a morir. Sólo en este último caso, pídele una línea a Caronte. Seguro que pescarás algo.

23 noviembre, 2011

El bolsillo del varón


Todo lo que hay en él es personal e íntimo, aunque no necesariamente propio. El bolsillo es un órgano interno no obstante abierto en un tajo vertical o inclinado en el pantalón, a la altura de la mano, en impúdica exposición vaginal. La mano es la única que conoce ese recinto oscuro, poblado de pelusa, tabaco, arena y hojas de hierba de la última vez que fuimos al río. La mano colocó uno a uno los caracoles y piedritas blancas en bolsillo, y luego hojas de jarilla, que baja la fiebre. La mano sucia o limpia entra al bolsillo a cada minuto para introducir o retirar. ¿Qué se introduce? ¿Qué condiciones de aceptabilidad debe reunir un bien para entrar al bolsillo? ¿Y cuáles para salir, más allá del uso ritual del pañuelo al momento del estornudo?

Para comprender el sentido y funcionamiento de un bolsillo es mejor saber algo de historia, antropología, sociología, economía y sastrería. El elemental registro de caja que un individuo hace de su propio bolsillo varía según edad, ocupación y tiempo. A las bolitas suceden pocotos [1] y piedras para la honda, tapitas de cerveza destinadas a un experimento, y monedas hechas quedar de un vuelto. Sin contar el coleóptero vivo que tanto asustó a mamá esa vez.

Con las llaves (una al menos) y la billetera, comienza la vida adulta. La propiedad privada ocupa el lugar de los caracoles, y el sueldo adquiere una densidad específica que se expresa en dígitos y billetes de banco que abultan el bolsillo y proveen de cierta conmovedora y efímera sensación de poder. En el bolsillo está el banco, y su caja de seguridad es la billetera.

Pasajeros como el follaje del bosque, los billetes vuelan y se convierten en pago de servicios básicos: aire, agua, alquileres, heladeras, ladrillos, pasajes en colectivo, o pantalones (con bolsillos). Pero además de “efectividades conducentes” [2] como dinero en efectivo y tarjetas de crédito, la billetera contiene el documento con nuestra fotografía, acaso las de nuestros hijos, y una carta de amor, junto a la boleta impaga del teléfono, y un ticket que dice “Whisky Blenders, 750 c/c, $ 42”. Allí también está nuestra identidad, las referencias de nuestro mundo.

Además de las manos del dueño del pantalón, a los bolsillos pueden acceder manos de otros individuos de la misma especie. La literatura identifica a los punguistas como los pioneros en la intervención digital en bolsillos ajenos, luego ampliamente practicada en la era informática.

Los bolsillos tienen larga historia. Robin Wood acusó al Rey de meter las manos en los escuálidos bolsillos de los pobres, y promovió la restitución directa: la bolsa o la vida. Los señores rurales le dijeron al Rey que, dado que eran pares, debían compartir la caja. Algo parecido le dijeron las provincias a Buenos Aires en 1862. En su momento, la Burguesía le dijo a la Nobleza: “Tu tienes las leyes y el poder, pero los bolsillos vacíos, y no nos reconoces a nosotros, que tenemos los medios de producción y los bolsillos llenos. Ahora vamos a cambiar los lugares”. Fue la Revolución Francesa.

Desde que cada peso ($) representa trabajo, tiempo y valor social, un sistema de distribución injusto lastima duramente la víscera que llamamos bolsillo, donde esconde las manos vacías el desocupado y el marginal: lo refleja De la Cárcova en su óleo “Sin pan y sin trabajo”, y Carpani en sus tintas. El poeta también busca palabras que no encuentra “en el fondo neutral de su bolsillo”.[3]

Las revoluciones obreras y campesinas provienen de los bolsillos descontentos por carecer de los medios para “ser” socialmente. El dinero y el amor no están lejanos:  “Duele mucho el corazón del que tiene que pedir” [4], y las manos tendidas y los bolsillos vacíos reflejan el drama previo a la revuelta o al éxodo.

Sin dinero, sin palabra y sin identidad, el bolsillo vacío es un riesgo social. Comprenderlo y describirlo desafía al cronista de cada tiempo. La prensa de los últimos meses muestra como un hecho político a los indignados en las capitales de occidente, pero reduce a sórdida noticia policial el asesinato de Cristian Ferreira hace una semana, un poblador rural de Santiago del Estero que defendía el monte de los usurpadores de tierras. Al quitarle el bosque –decía Canal Feijóo- al santiagueño le han quitado su paisaje. El bosque arrasado de hoy llena los nuevos bolsillos y vacía los viejos.

La política, en última instancia, se propone lograr equidad en el contenido de los bolsillos de los ciudadanos, evitando que la gula de uno provoque el hambre de otros. La economía consiste en enseñar a trabajar para poner lo justo en el bolsillo (descontada la plusvalía a través de la proveeduría). Y la cultura consiste en saber controlar la entrada y la salida de lo que hay en el bolsillo. He ahí nuestro albedrío, y también la base del contrato social, pues tras el bolsillo están la ley y la moral. Sastres, y pantaloneras no ignoran este detalle, y la industria produce hace siglos pantalones con bolsillos. La saben Harrods, Gath y Chávez, Casa Braudo, y González, donde compré el último traje en 1968.

Un pantalón normal contiene, en el formato habitual, dos bolsillos laterales y dos posteriores. Antes había un pequeño bolsillo delantero, para colocar el reloj. En el lenguaje popular, estar “con las manos en los bolsillos” es indicador de superioridad o vagancia. La experiencia recomienda no ser ostentoso ni excesivamente prevenido, pues ambas actitudes llaman la atención de los ansiosos del bolsillo ajeno.

En forma personal, recomiendo el justo medio. Ni el bolsillo con cocodrilos ni el despilfarro. Sé generoso muchacho, recomendaría el viejo Aristóteles. Y si te asaltan hay siempre dos posibilidades: si fue en el mercado, concurre a la dirección de protección al consumidor; si es en la calle, prefiere salvar tu vida antes que tu billetera. Oh, Señor, que grandes son tus tesoros, y qué pasajeros. El Cantar de los Cantares lo afirma, lo sostiene Omar Kayam, y el Buda recomienda el desapego de las cosas del mundo.

El Novísimo Diccionario Etno-Folk del Noroeste Argentino [5] consigna que el bolsillo del varón puede ser utilizado para menesteres mágicos. Es conocido el riesgo de mencionar en una reunión nombres o apellidos que pueden provocar mala suerte (atey, en griego; en el lenguaje popular argentino, yeta). Cuando tal cosa sucede, la mano izquierda de cada individuo masculino debe introducirse con aire casual en el bolsillo de ese lado, hasta tocar cierta parte de su organismo. Este exorcismo es considerado efectivo en una variedad de círculos provincianos.

Se comprenderá ya que el bolsillo es el centro de un círculo muy amplio que comprende a Dios y el César. Hay que pagar impuestos y el diezmo. Hay que ganar para sostener la familia, que es la vida. Hay que distribuir para sostener la comunidad, que también es la vida. Y si tienes la suerte de que haya mucho en tu bolsillo, reserva el 20 % para imprevistos. Puedes donarlo al círculo de salud, educación, culto o bien público que te guste. Otra opción: tanto Alí Babá como Robin Wood pueden pasar a retirarlo de tu propia casa: solo te pedirán una pequeña comisión por gastos de transporte. 


[1] Semillas del paraíso.
[2] Se atribuye la expresión a Hipólito Yrigoyen.
[3] “El café del poeta”, Secreto Sol, 1989.
[4] Yupanqui, Atahualpa: Coplas del payador perseguido.
[5] Barco Edita, 2013.

15 noviembre, 2011

El libro, sujeto peligroso

                                                                                         A Eleonora y Giulia.
Un autor definió al libro como “teatro portátil”, otro como “vehículo del conocimiento”, otro como “el único lugar tranquilo de la casa”.[1]  Todo eso es muy cierto, pero si bien es amistoso, el libro es también un sujeto peligroso. Te sujeta. Cuando nos acostumbra a su encantamiento, ya no podemos vivir sin leer.

El libro no sujeta con una cadena, sino simplemente teniéndonos quietos. Nos aparta de las cosas que nos suceden, para conducirnos a un lugar inesperado. Podemos viajar, sin movernos. ¿Qué parece magia? Claro que sí. Aunque algunos son mejores que otros, y aunque pudiera haber un “mal libro”, siempre proponen algo que también parece cosa de magia: el desafío de apreciarlo. Y el de dejarlo de lado, desde luego, donde prima la olímpica decisión del lector.

Todo libro, aun los escritos en nuestro idioma, tiene sus dificultades para ser comprendido. Por ejemplo, si no sabemos leer. ¿Sabías que en Santiago del Estero hay aproximadamente cincuenta o sesenta mil personas que no han tenido la oportunidad de ir a la escuela, o tuvieron que dejarla porque tenían que trabajar? Si sumamos las personas que se olvidaron de leer, por falta de medios o de estímulos, el número se duplica.

Dado que algunas civilizaciones suponen que los libros contienen la posibilidad de la sabiduría (claro que en su carozo, y no siempre en el primer bocado) mucha gente los ha visto como peligrosos. De modo que a veces los libros han sido escamoteados, incinerados[2], ocultados en cavernas en ambientes secos y salobres[3], o perdidos a propósito ante la amenaza de sus enemigos.

Son muchos los ejemplos del pasado, entre los cuales está el caso de la biblioteca de Alejandría. Y también recientes y cercanos: acabo de ver la lista de los libros que dispuso destruir la dictadura militar en 1977 en la Universidad Nacional de Río Cuarto.

Nos han dicho que no muerde, pero no es tan cierto. Sólo el que ha sido “mordido” por los libros sabe de esa dentadura que deja huellas para siempre. Es trajinada la imagen que asocia al libro con el pájaro, porque vuelan, y están hechos sólo de alas, que por cierto parecen hojas. Cada uno tiene un contenido, y a menudo mensajes. Un libro es botella al mar, yuto[4] que va en la punta del viento, secreta apuesta pronunciada en una jabonería e impresa clandestinamente, y hasta un modo de defender, atacar o conquistar algo o alguien. Es cierto que a veces no podemos comprarlo. Pero peor es el tiempo que pasamos sin darnos cuenta que está ahí, al alcance de la mano, en la biblioteca. 

Día el Bibliotecario. 2007.


Libros, manos y miedo

(…) En el 74 compramos el lote en Los Fresnos, en el 75 se alzaron las paredes, y en 76 la casa estaba techada. Justo ahí fue el golpe. Aunque sin agua ni electricidad, se convirtió en un refugio para mis libros. Donde alquilábamos entonces (Moreno 197 Norte) siempre estaba latiendo la amenaza del allanamiento. Mi biblioteca cabía en ocho cajones de manzana. En ese momento todo era peligroso, hasta la poesía. Neruda había escrito Incitación al nixonicidio. Benedetti en el index de Uruguay. Se acabó la revista Crisis. Empezaron a caer los compañeros de la universidad: Oscar, el Francés, Wilkinson. Cada libro que hablaba de socialismo o reforma agraria te ponía en riesgo, por lo menos ante la obsesiva mirada persecutoria que el sistema desarrolló en nosotros mismos. Así, fuimos censores de nuestros propios libros, los que imaginamos reprobables ante la supuesta mirada del policía real, que no se fijaría en el Fanon de Les damnés de la terre, pero sí sospecharía de Charles de Foucol, que tituló su enseñanza espiritual de encarnación con el revulsivo título  En el corazón de las masas. Es que las masas eran sospechosas. Además había otros libros que hablaban de clases, revolución, conflicto, psicoanálisis y sexo. Ni hablar de Marx y todo lo que sonase a rojo, hasta el Colorado Ramos. Entonces trasladé los cajones en viajes sucesivos y mis libros se encontraron seguros, refugiados en una casa de las afueras. Pero esa tranquilidad duró poco. Maníaco obsesivo como soy comencé a pensar: ¿y si allanan mi refugio? Debía desprenderme de algunos libros, era una cuestión de vida o muerte. Salí a caminar por el monte, con un bolso. No eran más de diez. Olvidé los títulos, ya que no pude olvidar el pecado. La necesidad tiene cara de hereje, decía mamá. Quedaron bajo un algarrobo. Nunca se lo conté a nadie. En 1985 leí, creo que en Clarín, un artículo de Santiago Kovadloff llamado “Las manos del miedo”. Hablaba de esto, de lo que hicieron nuestras manos (las mías también) cuando tuvimos miedo. Y mis manos hicieron algo más: había algunos libros peligrosos por su título o su autor que no deseaba dejar bajo un árbol por la sencilla razón de que aún no los había leído. Entonces, con cierto gesto fauve, les arranqué las tapas. De ese modo logré conservar hasta hoy El 18 brumario de Luis Bonaparte. Valga mi cobarde estrategia de desprendimiento como un ejemplo de inútil prudencia. Nunca me allanaron. Quedé solo, con mis manos y mi miedo. Kovadloff me ayudó a entenderlo, y antes que Steve Jobs lo dijera logré unir los puntos. En la casa donde mis libros y mi miedo estuvieron refugiados, hoy funciona una biblioteca.


[1] Éste fue Julio Cortázar, en alguno de sus cuentos.
[2] Biblioteca (Popular) de Alejandría. Ray Bradbury: Farenheit 451.
[3] ¿Te hablaron ya de los rollos del Mar Muerto?
[4] Pronuncia “iuto”. En léxico santiagueño, barrilete en forma de rombo.

13 noviembre, 2011

Viajaré a Tartagal

Sí, viajaré a Tartagal en cuanto pueda, pero no será antes que el año haya cambiado de número. Viajaré a Tartagal para conocer el trópico de Capricornio, al cual siguen Sexus, Nexus y Plexus en la bibliografía de Henry Miller. Para conocer la tonada y aprender idiomas y anotar frases y sacar fotografías viajaré, con mi cuaderno, un sombrero de paja, repelente, y un frasquito de loción Seducción Fatal (manalive). Pero especialmente viajaré para visitar las comunidades wichis arrinconadas por el desalojo de esa barbarie que llaman progreso. Quiero pintar el rostro de una niña y un joven, mientras una mujer cocina y tras el humo se ve el último monte que les queda. Sí, viajaré a Tartagal. Quiero conocer al Defensor del Pueblo de esa ciudad, y entregarle un ejemplar del Convenio 169 de la OIT, que protege la identidad de los pueblos originarios, que según la información de que dispongo se está violando impunemente en ese territorio. Al mismo tiempo que le expreso mi saludo cordial, mi escribano Víctor Andrés Torres le entregará copia del Edicto Nº 4/12 del Condado de Maco declarándolo persona no grata hasta que modifique su actitud o renuncie, decisión que le recomendaré vivamente. Sin apoyo de la prensa, esta visita ritual en defensa de los derechos colectivos pasará, en principio, desapercibida. Y en los tiempos futuros, en el larguísimo plazo, será considerada uno de los tantos actos de rebeldía inútil, que no obstante se demostraron provechosos por la nimiedad de su volátil estructura, más parecida a la leyenda que al acto político. ¿Qué es eso de decirle ‘la verdad’ al ‘defensor’ del pueblo, sino refrescar la noción de parresía? Incómoda manifestación a la que sin embargo nos obliga la función de servicio. Nos toca ser observadores, que es la prima facie de la inspección de trabajo y vida, que practicamos ateniéndonos a las leyes de Maco. Pero ningún tribunal las reconocerá. El ‘defensor’ nos iniciará juicio por desacato y alteración del orden público en Tartagal. Resistiremos en carpas aledañas, donde llegado el momento, luego de ominosos meses de persecución mediática, obtendremos el acceso de nuestra demanda a la Corte Interamericana de Justicia. Algún gobernador dirá que estamos interfiriendo en la armonía social de la provincia y dictará el decreto de ostracismo: los wichis a su rincón, los agitadores a Maco. Este escenario hará que recurramos a Nguyen, nuestro asesor en materia de conflictos: “En términos políticos, esta operación tiene un alto riesgo y resultados imprevisibles, que pueden ser nulos, y hasta el ridículo.” Pero será luna nueva, con las puntas para arriba, y no dudaremos en tomar la decisión de semejante intervención, quijotesca, pero plurilingüe: el texto estará en seis idiomas, quichua y wichi incluídos. Así será: Alba escribirá la nota para la agencia de noticias, y María captará imágenes con su celu, que después irán a youtube. Entretanto, yo estaré pensando en el sueño que había tenido una de esas noches: vivía un amor adolescente en Tartagal. Aunque fuera otra alucinación del té de yuyo, este será un estímulo decisivo para el viaje, que narraré más tarde, pero, desde luego, antes que ocurra.

A Alberto Vanasco

06 noviembre, 2011

La ley de medios abre caminos

a un estilo de relato del mundo

Agradeciendo esta invitación del Círculo de la Prensa de Santiago del Estero, quiero darles a todos/as la bienvenida en nombre de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, orgullosa de tenerlos aquí, en un aula que puede unir lo científico, lo técnico, lo social y lo político.

La propuesta de democratizar el campo de la comunicación social en Argentina contenida en la ley 22.285 de Servicios de Comunicación Audiovisual (y las múltiples posibilidades que ofrece) permite muchos campos de lectura. Uno es su propia historia, que podemos leer en el corto plazo (quizá 5 años) y también en plano de décadas, que nos lleva a la dictadura, en 1980, cuando un imaginario parlamento (la Comisión Asesora Legislativa) aprobó de facto la norma que ahora ha sido por fortuna reemplazada.

Un amplio debate se generó en estos años, porque la ley llevó a una fuerte confrontación entre el estado nacional y las empresas y corporaciones que intervienen de forma monopólica en el espacio mediático. Eso ha llevado una reducción de la ley a dos lecturas: la del Estado que la propuso, y la del campo empresario, que la resiste porque siente afectados sus intereses y privilegios.

Sin embargo hay otro lugar desde el cual podemos analizar la ley, y es desde nuestra condición de productores y usuarios de información. Los funcionarios del Estado y los propietarios y empleados de las empresas mediáticas no pasan de unos pocos miles. En cambio, sus lectores y espectadores somos millones. Por otra parte, protagonizamos a diario la producción mediática, donde la noticia de un accidente mortal en la ruta 64 en el que podríamos ser protagonistas (en calidad de víctima) tendrá más espacio que el piquete moral con que los ojos de los niños con hambre cortan la ruta de nuestro cómodo día.

Por eso hace falta hablar de esta ley desde el lugar en que cada uno se encuentra. Me considero integrante de una legión de periodistas que, vaya a saberse por qué, nacen, crecen y se reproducen a lo largo de los siglos. Sea oficio, vocación o sensación -tal como sentir el latido de la tinta en la venas- ayuda a describir el mundo en que vivimos, y a contárselo a los demás, en pocas palabras. Y aunque nos cueste creerlo, cada pincelada contribuye a definir el conjunto. Esto ya lo dijo Tolstoy.

Es poco frecuente el caso de una ley que haya generado un debate amplio como éste, que incluye numerosos foros en provincias entre 2008 y 2009. Pero hay un antecedente algo remoto que quiero citar, cuando en 1937 el senador Nacional Alfredo L. Palacios promovió la Ley de Comedores Escolares. Visitó las escuelas primarias de 4 provincias y mostró una realidad que nadie veía: el hambre. “No hace falta que un psicólogo nos diga que un niño con hambre no puede aprender”, sostuvo Palacios en un inolvidable discurso.

Pues bien, la dimensión social y política de la nueva ley de medios permite pensarla en analogía con la de comedores escolares. Ambas se ocupan de la justa distribución de dos bienes indispensables para el aprendizaje: los alimentos y la información.

Porque aspiramos a la soberanía alimentaria, necesitamos la soberanía informativa. Alimentos e información en buen estado, producidos por comunidades antes que por corporaciones. Frescos, que contengan toda la diversidad existente de sabores y saberes. Esta ley va más allá de la distribución y el consumo, va dirigida principalmente a la producción de ese bien que llamamos información confiable, que tenga certificación de origen, hasta en la tonada y el rigor de verdad exigido al dato.

También es necesario aludir a las voces silenciadas (en el espacio de los medios que se autodefinen como hegemónicos), pero que no cesan de hacerse escuchar en la calle, en la prensa alternativa, y en el nuevo espacio de la blogosfera. Este es el caso de las marchas de los Autoconvocados de la Salud en 2009, y del corte de ruta del MOCASE en Vilmer en 2010, vistos como disolventes y anarquistas por el gobierno, y en consecuencia omitidos por la prensa “oficial” en el contenido de sus necesidades, el por qué de su protesta y su propuesta.

Esas “omisiones” son las "libertades que nos faltan", como escribió el santiagueño Gumersindo Sayago en el Manifiesto de la Reforma en Córdoba, en 1918. Hay pues, en 2011 como en 1918 y 1937, una sociedad con hambre. En este caso podemos hablar de Necesidades Básicas Informativas Insatisfechas (NBII).

En relación con los espacios protegidos por esta ley quiero mencionar a las radios comunitarias de Santiago del Estero, no menos de 24 medios. Estas radios expresan la vida cotidiana de miles de familias, en las que se confunden los pueblos originarios, la tradición mestiza, y el habla quichua, proverbiales de la cultura rural de Santiago del Estero, cuyas voces debemos preservar.

Estamos ingresando a un paisaje comunicacional distinto al que conocimos. Las posibilidades tecnológicas y la justa distribución de las oportunidades, los derechos y las voces concurren en ello. La tarea no será fácil, pero sí atractiva para los periodistas de este tiempo: habrá que analizar la ley y las posibilidades que nos ofrece, saber quiénes la defienden y quiénes la atacan, y por qué. Y además, habrá que desarmar a los bárbaros, que pagaron a dos mercenarios para destruir el equipo de una radio comunitaria. Este cobarde atentado sucedió en San José del Boquerón hace apenas dos meses.

Pienso que avanzamos hacia un nuevo diseño mosaical en la construcción del relato de lo que sucede. ¿Qué pondríamos allí, en la primera plana de nuestro periódico? ¿Cuál será la palabra “necesaria”, “útil” y “justa”? ¿Y desde dónde lo escribiríamos o diríamos? Prensa en papel o en palabra proponen desafíos parecidos ajustados a cada medio. Importan aquí las nociones de cooperación, la zona de vacío que pretendemos llenar, y a quién estará dirigida. (Imagino ya un espacio radial para la voz de las bibliotecas populares).

Hoy el tratamiento de la imagen multiplica el acervo del saber. Mediante la fotografía, el video y el cine se documentan realidades que la mirada social del periodista no desaprovechará, para utilizarlas en el aula o en el debate público. Esta ley estimula la producción de contenidos para alimentar nuevos medios en espacios que antes fueron considerados desiertos, cuando en realidad eran un mercado cautivo de Buenos Aires, espejo de sí misma pero deforme imagen de Argentina.

¿Cómo es el relato del mundo que esta propuesta imagina? Plural y participativo, abierto. No sexista ni autista. Constructivo. Activo, ojos abiertos y oídos que escuchan lo que dicen los juncos del río.

Para concluir, apunto mi deseo de proseguir este debate en torno a otros tremas de semejante importancia, tales como el usufructo de nuestros recursos naturales, agua, minerales, bosques, tierra, entre tantas otras necesidades que el contrato de ciudadanía con soberanía local que el momento actual de Argentina, América Latina y hasta el mundo global nos permiten imaginar. Apuesto a un lugar para los asuntos de provincia.

Con el título “Presente y futuro de los periodistas” el Círculo de la Prensa de Santiago del Estero organizó una conferencia sobre la nueva ley de medios que rige en la República Argentina desde 2009. La exposición estuvo a cargo del licenciado Gustavo Bulla, director nacional de Supervisión y Evaluación de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual. El acto se realizó el viernes 4 de noviembre en el paraninfo de la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE)Lo anterior es lo que traté de decir, o quisiera haber dicho. Amigo de las dedicatorias, en este caso me dirijo a los estudiantes en la Escuela Mariano Moreno, periodistas en ciernes como yo. También a quienes me acompañaron: Eleonora, Cecilia, Julieta. Para la elaboración de esta página tuve en cuenta provechosos diálogos con Cacho García, Víctor Pérez y Enrique Landsman.